Patrón Perfecto

    Las Nuevas Tecnologías de la Conciencia

    ¿Quien es Grigori Grabovoi?

     


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    El académico Grigori Petrovich Grabovoi es un científico ruso clarividente – símbolo vivo de la fusión de ciencia y espiritualidad en el nuevo milenio.

    Doctor en Ciencias Matemáticas y Físicas y  autor de un sinnúmero de libros  - publicados en su mayoría en su lengua nativa, pero que  ya se están traduciendo también a otros idiomas -  entre ellos el español – Grabovoi trabaja desde los años 90  en las llamadas Nuevas Tecnologías de la Conciencia que permiten el control y la armonización de la realidad interna y externa mediante métodos accesibles   a cualquier persona que  practique sus métodos con suficiente determinación.

    Grigori Grabovoi nació el 14 de noviembre de 1963 en la aldea de Bogara de la antigua República Soviética de Kazajistan. Clarividente desde su infancia, su interés se centra desde pequeño en salvar a la Tierra y la Humanidad de todos los peligros que les acechan, desde una catástrofe global como macroevento hasta la muerte del cuerpo físico a nivel del micromundo, entrelazados indisolublemente en su cosmovisión particular.

    Graduado de Matemáticas Aplicadas y Mecánica en la Universidad de Tashkent en la vecina República de Uzbekistan, comenzó a trabajar en una oficina de diseño hasta que la fama de sus capacidades extraordinarias llegó a los directivos de las Líneas Aéreas Uzbekas que le contrataron para que supervisara mediante clarividencia los aviones antes del despegue. Como inspector de seguridad, el joven Grabovoi revisaba a distancia cada uno de los aparatos, disponiendo sólo de una lista con el número de matrícula de cada avión, y los controles realizados posteriormente por los mecánicos concluían invariablemente con la misma frase: „Los defectos indicados por Grigori Grabovoi fueron corroborados  en 100% durante el examen físico posterior.”
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    Apodado en aquella época como „el hombre de ojos rayos X”, pronto fue llamado a Moscú, al Servicio de Aviación Federal donde se encargó de la seguridad de los vuelos del gobierno. Aunque a finales de la década de los 80 defendiera su primera tesis doctoral, su destino visiblemente no era la investigación: la vida real reclamó la utilización práctica de sus talentos extraordinarios. A mediados de los 90 el Centro de Preparación de Cosmonautas requirió de sus servicios y poco más tarde le tocó realizar una tarea muy especial.
    Su momento estrella en esta actividad llegó en septiembre de 1997 cuando desde el Centro de Vuelos Cósmicos asistió el acoplamiento de la estación del transbordador norteamericano Atlantis a la Estación Espacial MIR indicando defectos que de no ser corregidos gracias a su advertencia habrían provocado el fracaso de aquella compleja operación tecnológica.
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    Grabovoi no sólo utilizó sus dones para esta actividad. Su contribución a la salud humana – a través de la sanación de centenas de personas de enfermedades supuestamente incurables y que incluían logros tan particulares como la regeneración de órganos quirúrgicamente extirpados, demostrada en cada caso mediante diagnósticos de médicos alopáticos y documentos notariales – le granjeó también el reconocimiento oficial. La Academia Rusa de Ciencias le condecoró con la Medalla de Plata de la “Orden de Pavlov” por su contribución a la esfera de la salud y el gobierno con la Medalla “Pedro el Grande”, por su extraordinario aporte „al renacimiento de la ciencia y la economía en Rusia”.
    La prevención de una catástrofe en una central nuclear de Bulgaria en 1999 forma parte también de sus logros más conocidos, que se suman a la materialización y teleportación de objetos y otros hechos  habitualmente catalogados como „milagros”... que a su modo de ver no tienen nada de sobrenatural, siendo simplemente „incomprendidos todavía para la ciencia oficial” que apenas está empezando a atisbar las inmensas posibilidades que se abren cuando  se trabaja desde el nivel de la información.
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    Su mayor contribución al futuro de la Humanidad, sin embargo, está en sus “Enseñanzas sobre la Salvación y el Desarrollo Eterno”. En las mismas, aboga por la participación de cada individuo en los esfuerzos de proteger a la Tierra de una catástrofe global y ofrece métodos prácticos y aprendibles para la utilización de la conciencia humana como instrumento de control y armonización. Su objetivo es preparar a la conciencia colectiva – cada vez menos rígida gracias al despertar masivo en la actual etapa de la evolución del género humano -  para que acepte la posibilidad de la vida eterna en el cuerpo físico en la que el funcionamiento del organismo se fundamente ya en procesos espirituales en lugar de bioquímicos.
    Su saber enciclopédico y su cosmovisión profundamente humanista no sólo le enfrentan a la ciencia newtoniana   y al materialismo reduccionista, sino también a los engendros de la  actual civilización en crisis como la fusión hombre-máquina como supuesto camino hacia el futuro. Los seres espirituales que estamos viviendo una experiencia humana no hemos aprovechado todavía ni siquiera un por ciento de nuestro inmenso potencial creador dentro del cuerpo físico. Por eso no hay razón para someternos a una nueva esclavitud en lugar de utilizar nuestro vehículo biológico – que su teoría trata como una parte más de nuestra alma eterna - para desplegar, confiados, todas nuestras capacidades creando una nueva civilización de base espiritual y colaborativa.
    Por ideas menos herejes que lo expuesto en sus Enseñanzas, en la Edad Media otros han ido a la hoguera. Hoy se viven otros tiempos, pero estar a la vanguardia del progreso científico y espiritual no es nada cómodo e implica riesgos profesionales y personales que sólo saben enfrentar las mentes más preclaras cuando unen su conocimiento académico con profundas convicciones espirituales.  Aunque – a pesar del reconocimiento de su actividad -  el propio Grabovoi también haya recorrido ya su propio viacrucis, la amplia divulgación de su obra a nivel global acabará por asegurarle al final un lugar digno entre los más grandes maestros del siglo XXI.

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